viernes, 24 de diciembre de 2010

La formula del exito : animales que hablan, mujeres sabias y hablar como un niño

Reseña española de " Las Brujas" , de Roald Dahl
Con respecto al protagonista de Las brujas es necesario mencionar que se trata de un ser muy especial, ya que es niño al comienzo de la historia para transformarse en niño-ratón y vivir la mayor aventura de su corta vida. ¿Hablamos de un niño-protagonista o de un animal-protagonista? Siguiendo la tradición de fabulistas como Esopo, Samaniego o Iriarte,Roald Dahl dota a este niño-ratón de características tanto animales como humanas, logrando mayor efectividad en sus propósitos de asombrar al lector, ya que "la humanización de los animales logra un cierto grado de maravilla y asombro en el comportamiento que los caracteriza, especialmente si llevan a cabo una aventura peculiar manteniendo sus características zoológicas" (Gómez del Manzano, 1987: 226). De todas formas, tanto en fábulas tradicionales, como en las más recientes creaciones de, por ejemplo, Walt Disney, se observa que "los cuentos protagonizados por animales se caracterizan por una cierta humanización de los mismos. Humanización en los comportamientos, en la función relacional, en la superación de complejos, en la propia presentación externa: modo de vestir, de jugar, de trabajar, de aprender, de dormir" (Gómez del Manzano, 1987: 217).seguir la lucha contra el mal.
Tradicionalmente, tanto en su divulgación oral como en la escrita, los cuentos infantiles han sido transmitidos por un narrador ajeno al desarrollo de la acción. En esta historia que nos ocupa, el narrador de los hechos es el propio protagonista. Se trata de un niño contando unas vivencias recientes y fantásticas a otros niños como él, de forma que tanto la percepción del mundo como el lenguaje utilizado llegan más directamente y con mayor efectividad al niño lector. Tal como sostiene Gómez del Manzano, "la panorámica de la literatura infantil del siglo XX, nos ofrece unos puntos de referencia más concordes con las posibilidades receptivas del niño lector y, en el caso de ser el niño el protagonista, se comprueba en el proceso lector las actitudes cambiantes que el proceso de recepción implica: el asombro, la conmoción, la admiración, la emoción, el llanto, la risa, la alienación (Gómez del Manzano, 1987: 17).

Siguiendo con el análisis de los personajes, es necesario mencionar que tradicionalmente "los adultos que aparecen en los libros infantiles se encuentran presos de sus propios caracteres e incapaces de sufrir alteración o cambio alguno. Si son realmente desagradables la única cosa que puede redimirlos es la bondad natural de un niño" (Laurie, 1998: 15). En Las brujas, encontramos una atípica abuela que hace las delicias de los lectores: es una mujer anciana pero muy vital, con problemas de salud pero ávida fumadora de puros habanos, tiene una capacidad de adaptación y asimilación propia de la gente joven; recuérdese cómo acepta la situación de tener un nieto-ratón sin la menor vacilación frente al trauma que les causa la misma problemática a los señores Jenkins. Es una mujer inteligente que responde a la siguiente descripción de Alison Laurie "las mujeres sabias de la literatura moderna provienen de todas las clases sociales... Muchas de ellas representan, en algún sentido, a diosas cuyos poderes tienen relación semimágica con la tierra, las estaciones y los ciclos de creación y crecimiento. Se las puede reconocer por su conocimiento de las plantas, su simpatía instintiva por los niños y animales, y su intuición, que opera a veces a nivel de percepciones extrasensoriales" (Laurie, 1998: 52).
En esta como en otras de sus historias, Dahl combina magistralmente elementos clásicos e innovaciones, provocando sonrisas y lágrimas tanto en sus lectores infantiles como en los adultos, demostrando una vez más que la razón principal de su enorme éxito internacional responde a ese don especial que Alison Laurie describe de la siguiente forma: "algunos escritores tienen el don especial de prolongar la niñez el resto de su vida: siguen viendo el mundo como lo perciben los niños y niñas y toman partido de ellos de forma instintiva" (Laurie, 1998: 29).