jueves, 26 de mayo de 2011

Un ejemplo de buena escritura periodistica

En esta nota de el diario El Argentino del 26/ 5 /11 , Daniel Enzetti entrevista a Juana Sicardi. viuda del cineasta argentino desaparecido Raymundo Gleyzer. Daniel fue fiel al relato oral de Juana, y el resultado parece una pelicula : lo ves y sientes lo que ella siente. Ella lo habrá contado biem , pero Daniel lo escribió mejor.


–¿Qué recordás de las horas previas al secuestro?
–Él estaba en Nueva York, y muchos amigos le decían que no volviera. Pero por su carácter, y con esa historia de que para él todo se podía, finalmente regresó. Era Raymundo, "el rey del mundo", como bromeo siempre. Por otro lado, la verdad es que nadie imaginaba el horror que vendría después. Yo había tomado la decisión de separarnos, y ese 27 de mayo vino, me dejó a Diego y me dijo "no me llames a mi casa porque no voy a ir más por allá. Hago unos trámites y hablamos después." Pasó por SICA a buscar un formulario que necesitaba para ir al médico, y a partir de ahí no sé otra cosa. Lo siguieron y lo agarraron en el sindicato. La casa estaba toda destruida, dada vuelta, y se robaron todo, hasta los platos. Pero dejaron algo: los rollos de filmación; se ve que no les dio la cabeza para tanto. Entramos con su hermana Greta al departamento y estábamos como atontadas. Llorábamos y nos poníamos a ordenar y juntar tonterías: un cuadrito, un papel del suelo. Parecía una mala película. De repente nos miramos y nos dijimos "¿qué estamos haciendo?" No me olvido más: levanté un zapato de abajo de la mesa, y le hablé al aire: "¿Me dejás un zapato en medio del living, hijo de puta? ¿Qué hiciste con Raymundo?" En un momento empezamos a reírnos de los nervios, porque cuando hicimos un té nos dimos cuenta de que se habían llevado hasta las cucharitas para revolver. Nos fuimos, ¿qué iba a hacer? Y empecé a llamar a los amigos. A "Poldi" (Leopoldo Nacht), por ejemplo. Lo saqué a Diego del jardín de infantes porque tenía miedo que le hicieran algo, y empecé a dar vueltas por la ciudad. Si veía movimientos raros en el barrio, me sentaba en un bar, dos, tres horas. ¿Cuánto podés estar con una criatura de cuatro años en un bar? Pero no me arrepiento de nada. Me hago cargo de lo que hicimos con Raymundo, y lo volveríamos a hacer de la misma manera.