viernes, 22 de abril de 2011

Ay, el final....

El final es una de las partes más importantes de una novela. Por eso hay que finalizar con -al menos- un golpe de efecto. Principalmente en la Literatura de género: Novelas románticas, policíacas, épicas, etc.

Las emociones que siente el lector son importantes para ti como escritor o escritora. Debes saber qué quieres que sienta el lector cuando llegue a la última palabra de tu novela, cierre el libro y lo deje en su estantería. Quizá desees que crea de todo corazón que la historia valía su tiempo y el esfuerzo emocional que ha realizado. Así es como funciona el boca a boca.

Si fijamos nuestra atención en la confección de la literatura popular, podemos considerar ocho aspectos para que el lector quede satisfecho con nuestro final.

1. Cuida el género al escribir

Debemos ser consecuentes con el tipo de género al que hayamos adscrito nuestro texto. En una novela realista no podemos usar un final mágico si no lo justificamos. En una novela de misterio debemos resolver todos los flecos sueltos para que el lector quede satisfecho. En una novela romántica debemos seguir las normas y leyes del género y finalizarla felizmente.

2. Se concluyente, pero no del todo.

En literatura comercial hay que cerrar el círculo para satisfacer a nuestro lector. No podemos dejar nada al azar ni a circunstancias arbitrarias. El lector querrá saber exactamente qué ha sucedido y por qué. Cómo se resuelve la situación para el lector. Cómo será su realidad a partir de ese momento. Desde el principio hasta el final de la historia se ha producido un cambio que el lector debe ver claro. El final debe cerrar el círculo.

Si hay lugar para la arbitrariedad en la literatura popular es en el destino de los personajes secundarios. Uno de los personajes secundarios puede sufrir un final ambiguo o bien totalmente trágico. De esta manera se subraya el triunfo del protagonista.

3. Crea una impresión duradera con tu escritura

Haz que tu personaje principal se enfrente a grandes vicisitudes y que corra peligro de sucumbir en el intento. Haz peligrar su vida. Y finalmente, haz que triunfe siendo el más fuerte, el más listo, el más rápido... No sólo ha ganado sino que se ha probado a sí mismo y a los demás de lo que es capáz a pesar de tenerlo todo en contra. De esta manera, conviertes al protagonista en el héroe con el que tu lector se puede sentir identificado (partiendo de sus deseos). Y a su vez, el lector sentirá una satisfacción especial. La que conlleva el hecho de ser reconocido.

Tu protagonista no puede ser el villano de la historia. Hay muy pocas obras en las que el autor consiga violar esta ley no escrita y dejar a su lector satisfecho. El silencio de los corderos, quizá. Si decides correr el riesgo, ten en cuenta que es un camino difícil. Es mejor evitar este tipo de historias, al menos si eres primerizo para atraer al lector, pero sobre todo y en primera instancia para atraer al editor.

4. Usa una visión del mundo contemporánea

En la novela clásica se esperaba del héroe que salvara de todo peligro a la heroína. Pero ahora ya no funciona así. Se espera de la heroína que se salve a si misma, especialmente si el libro va dirigido a una audiencia femenina.

Una protagonista fuerte no necesita que la rescaten. Tiene fuerza mental, espiritual y moral. Confiará en sus propias fuerzas y hanilidades para vencer, y la audiencia (femenina) se sentirá reivindicada al llegar a la conclusión. En algunas historias la heroína puede incluso salvar al héroe.

Otra posibilidad es que el héroe asista a la heroína en su confrontación. Que luchen como equipo, que casi sean vencidos y que tengan éxito juntos. Es un final particularmente efectivo en historias que pretenden tener un tono romántico porque el lector espera que los protagonistas acaben juntos al final de la historia.

5. Dale su lección al antagonista

Así como los lectores sienten satisfacción cuando el protagonista es recompensando tras haber vivido todas las aventuras a lo largo de la historia, también sienten cierto placer al descubrir el castigo que espera al antagonista o el villano de la historia. En el final satisfactorio de una novela de literatura popular, el bien vence al mal y -por la misma regla del tres- se recompensa a los que han sufrido. También debe existir el indicio, si no se muestra específicamente, de que los villanos recibirán un castigo igualable a lo que han hecho sufrir a los héroes.

6. Muestra, no digas

El final en el que se cuenta “así es cómo lo hizo” es una fórmula típica en los libros de misterio típicos, pero en general es demasiado pasivo para satisfacer al lector. Agatha Christie solía acabar sus novelas con una escena de salón en la que el protagonista reunía a todos los personajes incluyendo a los sospechosos y les contaba lo qué había sucedido. El detective desgranaba los razonamientos de su mente y explicaba cómo había sucedido el asesinato y los pasos que había seguido para llegar a sus lógicas conclusiones.

Lo mismo vale en la escena en que el villano levanta las manos y alardea de sus acciones, clarificando sus motivos. Es un recurso que hoy en día ya no es convincente y se ha usado infinidad de veces. Peor aún cuando el villano confiesa voluntariamente evitando la confrontación final, puesto que se pierde parte del balance requerido en la historia. Hay que buscar fórmulas originales.

7. Falsos finales

Es uno de los recursos favoritos de los thrillers. Se resuelve el conflicto y el héroe desenmascara al villano... o eso es lo que cree. Aparece entonces otro peligro, más sutil, más siniestro al que hay que enfrentarse. La ventaja del narrador en este punto es que el protagonista ya no está alerta. Creyendo que ya está fuera de peligro, ha retirado sus sistemas de defensa y se encuentra solo ante el peligro.

Se intensifica la ironía dramática y el suspense porque mientras la audiencia percibe el creciente peligro, el héroe está en las nubes. Desearíamos irrumpir en la pantalla o en la página para gritarle al personaje que tanto nos preocupa que el peligro aún lo acecha. Esta frustración maximiza la implicación moral del lector en la historia. Luego aparece la segunda confrontación, la más peligrosa para el héroe. Imagina el descontento del lector si esta confrontación no está a la altura de las expectativas creadas.

8. Sé fiel a tus personajes

Debes satisfacer las expectativas de tus lectores respecto a los personajes. Debes dejar que tu protagonista evolucione, pero si bebe café a las ocho de la mañana al principio de la novela, debe beber café a las ocho de la mañana al final de la novela o bien explicar por qué no lo hace. No cambies sus costumbres más características.

El final además, debe ser una sorpresa pero jamás improbable. Debes preparar al lector para lo que llegue en la escena final. Los acontecimientos y comportamientos deben seguir una cadena lógica para que el lector piense “Si, debería haberlo visto”.

Si cumples con todo lo dicho, ¿satisfaces al lector de un género específico? Si estás escribiendo una novela de misterio, ¿el crimen es tan atroz como parecía al principio? No conviertas el asesinato en un suicidio o accidente. Es menos satisfactorio cuando no hay antagonista porque no puede haber una recompensa y una antirecompensa. La satisfacción del lector disminuye cuando rompes una convención del género.

El lector llega a la novela popular de género suponiendo que se seguirán ciertas reglas. El conjunto de reglas variará en cada género y en cada categoría pero debes encontrar el conjunto de reglas a los que adherirte antes de empezar a escribir, y seguirlas. Por que si no corres peligro de desilusionar al lector.