sábado, 13 de septiembre de 2008

August Strindberg, escritor sueco, habla de su escritura

Creo que el destino me propuso estar solo y es para mejor. Quiero creerlo, de cualquier manera, porque si no, mi situación sería intolerable. Sin embargo, cuando estoy asolo, mi cabeza se sobrecarga de vez en cuando y amenaza con explotar. Es por eso que procuro mantener bajo estricta observación. Trato de conservar mi inventario de pensamientos equilibrado entre lo que entra y lo que sale. . Cada día tengo que liberarme de parte del stock escribiendo y agrego algo nuevo a través de la lectura . Si escribo todo el día me siento completamente desalentado y vacío por la tarde . Siento que no tengo nada más que decir, que estoy terminado, agotado. Pero si leo todo el día, me siento tan repleto que quiero explotar . Al despertarme, aunque me quema el deseo de volver a trabajar, debo salir a mi caminata. (...) Realmente vivo cuando llego a casa .Y la energía que ha fluido a mi durante la caminata matinal, sea a través de la corriente alterna de la disonancia o tensión o de la corriente continua de la armonía y la paz , se libera para servir a mis diferentes objetivos. Vivo, y vivo variadamente las vidas de toda la gente que describo ; soy feliz con los felices y malo con los malos , buenos con los buenos, Vierto mi propio temperamento y hablo a través de los niños, las mujeres , los ancianos . Soy rey mendigo. Soy el más grande de los grandes y el más humilde y despreciado. Comparto todas opiniones, profeso todas las religiones , vivo en todas las edades y yo mismo he dejado de existir. En ese estado soy inmensamente feliz .
Pero cuando termino alrededor del mediodía , cuando he terminado de escribir por el día, mi existencia de vuelve doblemente penosa . Siento más y más como si la muerte estuviera aproximándose con al llegada del atardecer . la noche se extiende ante mi . Después de un día de trabajo la gente generalmente encuentra alguna diversión en conversar. Pero yo no. El silencio me envuelve . Trato de leer y no puedo, me paseo y espero que las agujas del reloj marquen las diez. Finalmente lo hacen . Cesan la voluntad de vivir, la batalla , es esfuerzo, y el deseo de dormir se parece bastante al anhelo de la muerte. ( “ Solo” Centro Editor de América Latina, Bs AS 1980)